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El calor


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  Era lo que todo el mundo estaba esperando, lo que todo el mundo quería con ansias. Bueno, al menos casi todo.
  —Odio el verano —dijo ella mientras se secaba la transpiración que le corría por las sienes solo por haberse vestido.
  —Múdate a un lugar donde no haya —dijo su novio sin mirarla mientras entraba al baño para abrir la ducha.
  —¿Irías conmigo?
  —No.
  Ella frunció el ceño y apartó la mirada del espejo, donde había estado tratando de maquillarse. Pestañeó con fuerza.
  —¿Qué me intentas decir?
  La respuesta no llegó.
  Se oyó que se cerraba la ducha y él volvió a la habitación a secarse.
  —¿Qué me intentas decir? —repitió ella.
  —Que a mí no me molesta el calor y cualquier lugar donde no haya verano no habrá mucho sol durante el resto del año tampoco.
  —Eso no tiene por qué ser así, puede haber veranos más leves sin resignar luz solar.
  Él se encogió de hombros, tiró la toalla sobre la cama y caminó hacia el ropero. Lo abrió en solo movimiento y comenzó a vestirse.
  Ella lo siguió con la mirada.
  —¿No vas a contestar?
  —¿Hubo una pregunta?
  Ella bufó.
  —Eres increíble.
  Siguió intentando maquillarse mientras murmuraba por lo bajo.
  Cuando regresaron esa noche de trabajar todavía había sol y hacía bastante calor.
  —¿En realidad no me acompañarías? —dijo ella mientras preparaba la cena.
  —¿De qué hablas? —preguntó él, sin quitar la mirada de la pantalla de televisión.
  —Lo que dijiste esta mañana.
  —¿Qué cosa?
  Ella apretó los labios antes de contestar?
  —¿No estabas allí esta mañana? Cuando dijiste que si yo me iba no te irías conmigo.
  —Ah, eso, bueno a mí no me molesta tanto el calor, me gusta el verano.
  Se calló frente al silencio creciente de ella. Su rostro cambió de expresión como si recién notara que podría haber dicho algo malo.
  —Aunque claro que te convencería para que te quedaras.
  —Me dijiste que me fuera.
  —Quise decir que no se puede cambiar el verano, la única forma es irse.
  —Irme y hacerlo sola.
  Él suspiró.
  —No fue eso lo que…, mira, lo siento, no estaba pensando.
  —Seguro que no —ella se puso en movimiento otra vez.
  La cena fue tensa, o lo hubiera sido si él hubiera mirado otra cosa que no fuera la pantalla del televisor.
  Al día siguiente, ella no se quejó del verano y él se mostró más feliz, incluso aliviado. Ella no habló mucho ese día, ni los siguientes. Él no comenzó a preocuparse hasta que terminó la semana y ella seguía sin mencionar el calor.
  —¿Ya no te molesta tanto? —preguntó el sábado.
  —Lo estoy solucionando —dijo ella sin mirarlo.
  —¿Cómo? —sonrió—. ¿Vas a hacer que llegue más rápido el invierno? Podríamos comparar otro aire acondicionado.
  Ella no contestó. Él se aceró a ella y miró por sobre su hombro.
  —¿Qué es eso?
  —Una lista de países con veranos más leves.
  Él se alejó de ella para observarla mejor; ella no desvió la mirada.
  —¿En serio vas a hacerlo?
  —Dijiste que no había otra opción.
  —Pero… —vaciló— ¿y nosotros?
  Ella se volvió hacia él por primera vez.
  —No es como si estuviéramos casados, ¿no?
  —¿En realidad vas a hacer esto solo por el calor?
  —Es que no lo soporto —ella se puso de pie—. ¿Es que no lo entiendes? ¡No es una pavada para mí! No. Lo. Soporto.
  —¿Y vas a dejar todo atrás? ¿Trabajo, familia? ¿A mí?
  —Trabajos —se encogió de hombros—, se consiguen otros. La familia puede estar comunicado siempre, incluso más que ahora. Y a ti —desvió la mirada— no te importa.
  —Ah, es por eso —él dejó caer los hombros—. Mira ya me disculpé, hablé sin pensar, era temprano, recién me levantaba.
  —No, no es la primera vez que tomas a la ligera algo que para mí es importante. Y lo dijiste en serio, que me fuera.
  —Estaba cansado, el calor…
  —No, no, no, dijiste que te gustaba el calor. Tal vez…, tal vez estabas cansado de mí.
  —Cuando te comportas así…
  —¿¡Ves!? Es cierto, quieres que me vaya, pues cumpliré tu deseo.
  —Estás loca —él alzó ambos brazos y los dejó caer con pesadez.
  Luego salió de la habitación y de la casa. Ella lo siguió con la mirada y después regresó a lo que estaba haciendo.
  Él no regresó hasta tarde en la noche, cuando ella ya estaba dormida.
  Al día siguiente él se levantó temprano y le hizo el desayuno. Ella se despertó de a poco y tardó en ver la bandeja. Inspiró con fuerza.
  —¿No te gusta? —preguntó él.
  —Sí, gracias, aunque no cambia el hecho de que odie el verano.
  —Estás loca, solo la gente loca habla así. No se puede odiar el clima, es algo que solo se acepta.
  —No —ella hizo la bandeja a un lado y se levantó—, también se pueden hacer otras cosas.
  —¿Todavía sigues con esa idea?
  —Sí, y no te preocupes, no tienes que ir conmigo.
  —Está bien, si tanto quieres irte, ¿por qué no te vas ahora?.
  Ella lo miró por sobre su hombro.
  —Creo que te olvidas de que el departamento es mío.
  —¿Qué quieres decir?
  Ella sonrió.
  —Me parece que es obvio.
  —¿Quieres que me vaya? —tiró la bandeja al suelo—. Está bien, ¡me voy!
  Se fue de la casa con un portazo. Ella mantuvo la calma.
  Cuando él regresó a la noche, la bandeja seguía en el piso del dormitorio. Ella estaba en el comedor, frente a la computadora.
  Él ordenó el dormitorio y luego fue a sentarse al lado de ella.
  —Mira, creo que se nos fue un poco de la mano esta discusión. No es tan grave, podemos hacer algo aquí para que haga menos calor. Solo son tres meses.
  Ella negó con la cabeza.
  —No alcanza, no soporto estar en la calle.
  Él apretó los labios y sus narinas se inflaron.
  —Está bien, ¿qué tal ir un poco más al sur dentro del país? El calor es más leve, seguimos cerca de la familia, en nuestro país. Creo que podría conseguir un traslado.
  Ella se alejó del teclado y lo miró con la cabeza inclinada a un lado.
  —¿Harías eso por mí?
  Él se encogió de hombro.
  —Sí, creo que podría hacerlo. En realidad, no había pensado mucho en ello, pero sí, creo que me gusta la idea.
  —¿Cuándo?
  Él elevó ambas cejas.
  —No lo sé, primero tengo que pedir… ver si es posible…
  —Seis meses, antes del próximo verano.
  Él afirmó con calma.
  —Está bien, haremos así —sonrió—. ¿Más tranquila ahora?
  Ella asintió y aceptó su mano, juntos fueron a la cocina a preparar la cena.
  Ella llevó mejor lo que quedaba del verano.
  Durante el inverno se ocupó de organizar todo lo que necesitaba, ver diferentes departamentos en el sur del país, comenzar a guardar ropa, decidir qué muebles llevaría…
   Le preguntó varias veces a él si había algún avance y él le dijo que no. Con el tiempo ella dejó de preguntar y él comenzó a relajarse.
  Cuando inició la primavera, ella empezó a aplicar las cajas. Él frunció el ceño.
  —Ya tengo varios departamentos en vista, tengo que decidirme antes de dos semanas. ¿Ya sabes a dónde te trasladan?
  Él se rascó la cabeza. Ella se quedó mirándolo.
  —Está bien, entonces tendrás que buscarte otro lugar para vivir, yo me mudo en tres semanas.
  —¿Qué?
  —Te dije que no quería pasar otro verano aquí.
  —¿Qué hay del trabajo?
  —Tengo unas cuantas posibilidades, estaba esperando que tú… —se encogió de hombros—, esperé demasiado se ve. No importa, todavía no sé si me quedo allí o no, depende de cómo pase el verano. El departamento es en alquiler con opción a compra.
  —¿Y qué? ¿Vas a andar de un lado a otro huyendo del verano? Te das cuenta de lo loco que suena.
  —No me importa cómo suene, ni que no lo entiendas. Odio el verano, no viviré otro.
  Ella puso una caja vacía en sus manos y se alejó. Él cerró los ojos, cuando los abrió, estaba solo.


   Este cuento se publica por primera vez. Forma parte de los retos de escritura del portal El libro del escritor, pasen por allí a ver los retos y participantes. En este caso elegí Escribe un relato que tenga lugar durante tu estación favorita del año y que esta tenga importancia en el desarrollo de la trama. (Aunque me equivoqué y escribí sobre la estación que más odio, je).


Este cuento forma parte del recorrido del verano, ¿te animas a seguirlo? Puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.

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La escritura y yo, una historia de desencuentros (primera parte)


Otros_logo

   Esta serie de tres posts tratan sobre mi relación con la escritura a través de los años, hasta el momento.
   Creo que por ahora puedo diferenciar tres etapas en mi relación con la escritura. Es una historia de idas y vueltas, de rupturas y nuevos comienzos; no sé si será una relación de amor-odio, pero se le parece.
 

La escritura y yo, una historia de desencuentros

 
   Esta es una historia sin comienzo. ¿Por qué? Porque, sencillamente, no sé cuándo empecé a escribir. No tengo memoria de haber tomado esa decisión, tal vez, como les ocurre a muchos, solo fue una consecuencia natural de mi amor por la lectura. Lo gracioso es que ¡tampoco sé de dónde salió ese amor por los libros! Solo recuerdo que desde chica siempre me gustó leer, y era la única persona en casa con tal afición.
   Entonces el principio es un misterio, pero las etapas que siguieron son las siguientes:
    • Durante la adolescencia. 
    • En la temprana juventud. 
    • Ahora (no tan joven, pero tampoco vieja, les voy a dejar a la imaginación mi edad).

 

Primera parte


   En este post voy a hablar un poco sobre la escritura durante la adolescencia. Como no podía ser de otra manera, era una relación tormentosa y con algunos aires de grandeza. Con cierta inclinación hacia la escritura, creía que lo que escribía era perfecto. O al menos eso pensaba hacia afuera, porque hacia adentro, lo cierto era que odiaba leer lo que había escrito. Y eso no puede ser sano.
   Estas son las características de esa etapa:
      • Escribía (casi) todo en inglés.
      • Había bastante poesía en mi producción. 
      • No me gustaba leer lo que escribía. 
      • Corregir, ¿qué eso? Nada más allá de lo mínimo. 
      • Básicamente, eran historias cortas; aunque se coló una más larga sobre detectives.
   De forma extraña, si bien tenía grandiosos planes sobre mi vida futura, nunca me había planteado con seriedad ser una escritora, creo que más bien sentía la escritura como algo natural, aunque oculto. Porque no lo compartía con nadie, como muchas otras cosas de esa época.
Escritura_logo   Excepto, cuando gané un concurso de poesía (¡en castellano!) del colegio, y es el único que gané hasta el momento. Lo insólito es que poesía no es lo que más escribo ni lo que más leo. Lo que sí recuerdo de ella fue que brotó de forma muy natural, casi toda mientras caminaba hacia la parada del colectivo para ir al colegio.
   ¿Cómo terminó esta etapa? Un día, no recuerdo cuándo, leí lo que había escrito y me pareció todo… una gran porquería. Sí, así de terminante. Incluso destruí todos mis escritos y dejé de escribir durante años porque, como no podía ser de otra manera en aquella época, si no era una genialidad lo que salía de mis manos, entonces la escritura no era para mí.
   En conclusión, mi primer acercamiento a la escritura no fue muy sano. Fue natural, sí, pero lleno de locas expectativas y una exigencia desmedida hacia mí misma. Sin embargo, a veces creo que tal vez fue necesario.
   En el próximo post voy a recordar mi reencuentro con la escritura después de esta ruptura tan abrupta y temperamental. ¿Qué me dicen ustedes? ¿Recuerdan cómo empezaron a escribir? ¿Tienen una relación temperamental con su escritura?  
 

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El beso


Cuentos_logo
 
   Era como siempre lo había soñado. Ella estaba acostada sobre la hierba, en el vasto patio que constituían los alrededores de la granja del abuelo. Sentía el frío húmedo de las pequeñas hojas acariciando su espalda desnuda, mientras el sol de la tarde le bañaba el rostro y los hombros.
   Y entonces habría un eclipse, uno personal y muy esperado; él se alzaría sobre ella, tapando el sol y reemplazándolo con su sonrisa. Poco a poco se acercaría a ella, con las brisas de su respiración sobre los ojos, las mejillas, la boca. El corazón se le comprimiría a la espera de su primer…
   Ella bajó los párpados y entreabrió los labios. La presión en su pecho estaba volviéndose insoportable. No podía respirar. La urgencia se expandía a su garganta, sus oídos. Los párpados estaban pesado, la nariz tapada. El aire sencillamente no estaba ahí. Se aferró al pasto a sus costados, estaba húmedo y helado, se resbalaba entre sus dedos. Tuvo que clavar las uñas en la tierra, pero no le dolió, lo único que sentía era el ardor en la garganta y en el pecho.   
   Los labios de él volvieron a presionarse contra los suyos, pero no eran tiernos ni amorosos, sino urgentes y ansiosos y atropellados y exigentes.
   Tosió con fuerza, los oídos estallaron y vomitó agua.
    —Vamos, reacciona —escuchó a lo lejos, pero no podía abrir los ojos.
    Sentía el calor del sol sobre los párpados, y eso hacía que el resto de su cuerpo pareciera más frío. Y allí estaban los labios otra vez, presionando sobre los suyos.
    —No, no, —ella apartó la cara, o creyó hacerlo, casi no podía moverse.
    Vomitó otra vez. El agua del lago, lo supo. Reconocía su sabor, su olor, de todos los veranos pasados en la granja del abuelo. Solía bañarse en él…
    La presión en el pecho otra vez, y luego los labios.
    —No —dijo ella—, así, no. —Lo pensó, lo murmuró, lo susurró.
    Así no se suponía que tenía que ser.
    —Vamos, vamos.
    La voz la presionaba y unos dedos recorrían su rostro.
    —Despierta.
    Ella abrió los ojos, el sol enmarcaba como aureola el rostro de un muchacho desconocido, muy diferente del que creía que sería su primer beso.
    —Así no tenía que ser —susurró una vez más antes de quedarse exhausta.
    Lo último que vio fue la sonrisa de un hombre desconocido, el que le dio su primer beso.


   Este cuento se publicó originalmente en el blog Hojas de cuentos, el cual estuvo activo durante varios años. Allí apareció en julio de 2013.


Este cuento forma parte del recorrido del verano, puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.

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Si no lo hago ahora...


Cuentos_logo
 
   Debo escribir esto ahora, si no lo hago… no sé, no sé qué pasará. Si no lo hago ahora, ya no podré hacerlo más, y necesito que alguien sea testigo… aunque sean unas páginas vacías. Lo puedo oír subiendo las escaleras, los peldaños crujen, ¡no! se rajan, se quiebran… y luego el silencio. ¿Cuánto puede tardar en subir un mísero piso?
  Sin embargo, todavía está en las escaleras. Y yo, aquí, escribiendo bajo la trémula luz de una linterna. En parte deseo escucharlo tras la puerta de la habitación, en parte me aterroriza. Anhelo llegar a ese momento, en el cual por fin todo lo imaginado se hará realidad y me sacará de esta pesadilla en la que me hundo mientras oigo los crujidos en la escalera.
  ¡Allí están otra vez! Se acerca, lo sé, lo siento, lo deseo, lo temo. Siento tantas cosas, debo contar tanto… y me queda tan poco tiempo que no sé qué hacer con él. No me alcanza para huir (¿y a dónde iría?), ni me alcanza para pensar ni para… pero me estoy apartando de lo que quiero contar.
  El silencio de nuevo, esta vez más cerca. Todo comenzó hace dos noches. Al principio no le di importancia. Tal vez era un ratón o la casa quejándose por el calor o el frío. No lo sé, estirándose o lo que sea que hacen las casas cuando suenan a tu alrededor. Noté al aire más pesado, pensé que era por el inicio del verano. Sentí una opresión, una viscosidad, una incomodidad que me rodeaba. Fue tan fugaz que no cavilé en ella. Recuerdo creer que algo acechaba fuera de mi habitación, estaba semidormido y lo descarté. El día trajo otras preocupaciones, más mundanas, más reales. Luego se hizo de noche nuevamente y allí aparecieron los crujidos. Como los escucho ahora, todavía en la maldita escalera, subiendo incesantemente los peldaños una y otra vez.
  Aunque sé que hoy llegarán a mi puerta y después… No sé, no lo sé, ¡me volveré loco si eso llega hasta mí! ¡Me volveré loco si no lo hace! Lo puedo sentir avanzando, el aire está viciado a mi alrededor, la luz de la linterna apenas lo atraviesa. No sé cómo sucedió, no sé por qué, pero sé que está pasando y estoy solo. Quiero dejar un registro de lo que pasó, para que los demás lo sepan cuando yo ya no esté… no quiero pensar ello… sé que debo hacerlo.
  Anoche… ¡Por Dios! ¿Cómo explicar lo de anoche? Y sin embargo esta mañana todavía estaba aquí y aquí me quedé hasta ahora. ¿Por qué, por qué no me fui cuando podía? ¿Pude irme? ¿Realmente pude? Los recuerdos del día son vagos, brumosos, pero los de anoche, ¡ay, los de anoche! Lo percibí allí, al pie de la escalera, agazapado. Me llegó su olor a putrefacción y entonces lo escuché subir, escalón a escalón, con una pereza endemoniada. Cada crujido me rajaba el corazón. Sin quererlo, volví mi vista hacia la puerta (ahora no lo hago) y quedé paralizado. Esperando su llegada, anhelándola, aterrorizado al sentir su presencia del otro lado, inmensa en cada silencio, terrible con cada crujido.
  Ahora empezaron otra vez, más cerca, mucho más cerca. Ya debería estar por llegar al final. ¡¿Cuánto más va a tardar?! ¿Cuánto más? Ya no siento ningún olor, la boca la tengo pastosa y todo mi cuerpo se comprime con cada crepitar, como si su presencia me estuviera empujando, estrujando, comprimiendo. Y todavía no está aquí, todavía no llegó a mi puerta. Sigue crujiendo en la escalera, remoloneando en cada maldito peldaño. ¡Ay, por qué no llegará de una vez! ¿Por qué…?
  El silencio de nuevo, pero ahora es distinto, es como si me observaran, mas la puerta está cerrada, no la oí abrirse y además… Está cerrada, lo sé, no debo mirar, no debo. Todavía no terminé de escribir lo de anoche… no debo mirar hasta que… no debo… ¡ese intenso silencio! No debo mir…


   Este cuento se publicó originalmente en el blog Hojas de cuentos, el cual estuvo activo durante varios años. Allí apareció en noviembre de 2011.


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Don Cosme, el viejo


Cuentos_logo
 
   Todas las mañanas iba a visitarlo. El camino no era largo, pero el ascenso resultaba penoso en verano. Y el viejo vivía en la mismísima cima de la colina. Noelia resopló y se limpió el sudor de la frente. Esa vez llevaba además una canasta con comida para darle al anciano. Su marido siempre le decía que se esforzaba demasiado, que no era su obligación visitarlo todos los días.
  —Es parte de mi trabajo como mujer del párroco del pueblo —replicaba ella—. Además, él pobre está tan solo…
  El sudor le empapaba la espalda, pero ella no aminoró el paso. Sabía que si se detenía un minuto, ya no llegaría a la cima. La alcanzó poco después y sonrió cuando vio que el viejo la esperaba en la entrada de su cabaña, sentado sobre un viejo tronco. Noelia se acomodó el pelo y se limpió el rostro, dejando solo una sonrisa.
  —¿Cómo está hoy, don Cosme? 
  El viejo la miró fijamente, pero no dijo nada, nunca lo hacía. Sus ojos, de un celeste casi blanco, la siguieron cuando ella entraba en su casa. No hizo ningún esfuerzo por ayudarla mientras ella acomodaba sus regalos, ni tampoco se los agradeció. Noelia nunca lo había escuchado hablar.
  —Hoy le he traído una sorpresa, don Cosme —la esposa del párroco sonrió mientras sacaba una bandeja cubierta del canasto—. Una tarta de frambuesas solo para usted. Es pequeña, pero la hice así para que no se le arruinara.
  Como siempre, el viejo no apartó la vista de ella, ni siquiera por la tarta. Después de acomodar la comida, Noelia miró a su alrededor y trató de limpiar y ordenar un poco. Nunca se quedaba mucho tiempo, el olor era fuerte en la cabaña, y la compañía del viejo se volvía inquietante con el correr de los minutos.
  —Bien —dijo luego de un momento—, creo que esto es todo por hoy, volveré a visitarlo mañana.
  Avanzó hacia la salida, pero el viejo no se apartó.
  —Permiso, don Cosme.
  El viejo dio un paso hacia adelante, ella retrocedió.
  —Por favor, don Cosme. Solo debe correrse un poco…
  El viejo la empujó dentro y cerró tras de sí una puerta que Noelia nunca había visto.
  —¡Don Cosme! ¿Qué…? .
  El viejo la acorraló contra una pared y clavó los ojos en ella. Noelia trató de apartarse, pero aquellos dedos nudosos le atenazaban las muñecas.
  Cerca del mediodía, el párroco se preocupó por la ausencia de su esposa y fue a buscarla en el último lugar donde sabía que había ido.
  Todavía resoplando, se acercó al viejo sentado en un tronco al lado de la puerta. Las preguntas fueron vanas.
  Cuando ya se iba, escuchó ruidos dentro de la cabaña. Una mujer anciana se afanaba en la cocina. Cuando ésta se volvió, el párroco vio sus ojos blancos como la leche.
  Se fue murmurando un adiós. No recordaba que el viejo tuviera una esposa y Noelia nunca lo había mencionado, estaba casi seguro de eso.


   Este cuento se publicó originalmente en el blog Hojas de cuentos, el cual estuvo activo durante varios años. Allí apareció en enero de 2011.


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Sueños


Cuentos_logo
 
   Soñó que era un dragón. Un dragón volador. Un dragón grande y con escamas. Un dragón con garras y alas. Esas alas se estaban agitando. Podía sentir su propia fuerza luchando contra los vientos, generando sus propias corrientes.
  El sol brillaba muy cerca de él. Sus rayos rozaban sus escamas, emitiendo matices de verde a su alrededor. La euforia lo llenaba y necesitaba liberarla. Abrió sus garras y rugió. Un rugido que sacudió todo su cuerpo hasta su cola. Abrió más sus fauces y los rayos del sol brotaron a través de ellas. Sentía una libertad que jamás creía que pudiera ser posible.
  Dejó que los vientos lo elevaran más y más. Acercándolo al potente sol de verano que lo alimentaba con su fuego. Y entonces, cuando sus ojos no eran capaces de ver nada más que aquella esfera dorada, sintió todo el peso de su cuerpo. Cada parte lo tiraba hacia abajo y las corrientes de aire ya no eran capaces de sostenerlo. Batió sus alas, pero las sintió débiles y frágiles, incapaces de sostener su gran cuerpo escamoso. Sus fauces se abrieron nuevamente, y esta vez dejaron paso a un rugido de terror.
  Estaba cayendo. Cayendo con tanta rapidez que apenas era capaz de distinguir el suelo que se acercaba. Cerró los ojos esperando el impacto. Y cuando al fin llegó, fue más parecido a un salto. Un pequeño salto y una caída en un suelo blando.
  Se despertó. Estaba en una cama, y su cuerpo ya no era grande y poderoso. Ya no tenía alas que lo elevaran por los cielos. Ya no tenía el poder del sol en su garganta. Se sentía frágil y enfermo. Se sentó, todavía mareado, y miró a su alrededor. En el piso, al lado de su cama, estaba tirado un pequeño bol.
  «Así que ya se terminó de nuevo», pensó Marvin con todos sus recuerdos acomodándose en su cabeza.
  Bajó los pies al suelo y, sin molestarse en levantar aquel bol, buscó un poco de agua. Sentía la boca pastosa y le dolía todo el cuerpo. Tomó varios vasos pero aquel sabor amargo no se iba.
   Se levantó a duras penas y se puso los zapatos. Salió de la cabaña en la que vivía solo y se dirigió al pueblo. Ya había oscurecido, pero todavía no era muy tarde.
  «Aún debe de estar en el bar», pensó Marvin con esperanza y apuró el paso.
  El bar estaba casi vacío, pero el hombre que él buscaba estaba allí. Seguía sentado en el mismo lugar, con una jarra de cerveza en la mano. Marvin se acercó a esa mesa y se sentó sin pedir permiso.
  —Necesito más —dijo en un susurro urgente.
  El hombre lo miró con lentitud.
  —Creo que ya ha tenido demasiado.
  Marvin miró hacia ambos lados y se acercó más al hombre.
  —Necesito más.
  —Creo que necesita descansar.
  —No —dijo Marvin agarrando el brazo del hombre—, necesito que me dé lo que le estoy pidiendo. Aquí está el pago —sacó una monedas de su bolsillo, las últimas, y las puso sobre la mesa—, ahora deme otra dosis.
  El hombre suspiró.
  —Le advertí que podía ser peligroso. Los sueños pueden ser…
  —¡No necesito sus sermones! —masculló Marvin—. ¿Por qué lo pone tan difícil cuando alguien quiere comprar lo que vende?.
  —Porque los sueños son para que la gente los posea, no al revés —dijo el hombre con calma mientras bebía un trago.
  Marvin lo miró nervioso.
  —Mire, no sé de qué me habla, ni mi importa —se inclinó un poco hacia el hombre—. Soñé que era un dragón, sabe… ¡un dragón! —Marvin miró a su alrededor y bajó la voz—. Necesito más.
  —Se lo voy a decir una última vez… —dijo el hombre.
  —No importa —dijo Marvin empujando las monedas hacia el hombre.
  Éste suspiró y le entregó una bolsita. Marvin la tomó rápidamente y salió del bar sin dirigirle otra palabra a aquel hombre, ni a ningún otro. El extraño lo observó irse y recién guardó el dinero cuando Marvin salió del bar.
  Marvin ni siquiera notó cómo llego a su cabaña, pero pronto estuvo nuevamente en su cuarto. Tomó el bol del piso y lo llenó de agua. Sumergió la extraña raíz que sacó de la bolsita en el agua y sacudió todo con agitación. Cuando el agua se volvió morada, no se molestó en sacarse los zapatos y se sentó en la cama. Bebió el contenido del bol de un solo trago.
  Luego se recostó y cerró los ojos. La sensación de pesadez lo invadió de inmediato… y pronto estaba soñando otra vez. Soñó que era un dragón.


   Este cuento se publicó originalmente en el blog Hojas de cuentos, el cual estuvo activo durante varios años. Allí apareció en enero de 2009.


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Calendario editorial del blog


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   Aunque sea un poco tarde en el año, voy a presentar el calendario editorial para 2016. Esta agenda abarca las publicaciones de este blog, el de libros y algunas redes sociales.
   Para aquellos que no lo saben, un calendario editorial es, básicamente, un plan de las entradas que aparecerán en el blog. Hace ya unos años que intento crear una planificación. Vamos a ver cómo me va esta vez.
  

Calendario del blog para 2016


   El esquema básico es el siguiente:
    • Un cuento o minicuento cada lunes por medio. 
    • Una entrada relacionada con la escritura cada martes por medio. 
    • Una entrada sobre los libros publicados cada viernes por medio (en el blog de libros). 
    • Un haiku cada miércoles por medio en Twitter. 
    • Un microcuento cada jueves por medio en Twitter. 
    • Un pin original en Pinterest una vez al mes.

Calendario_blog_2016
 
   Tal vez sea un calendario editorial un poco ambicioso, ¡pero tendrían que ver los anteriores que había pensado! Espero poder mantenerlo lo máximo posible; al menos ya tengo armado el listado de entradas, ahora solo falta escribirlas.
Calendario_logo   Por el momento, lo único que todavía no planifiqué es la blognovela, ya que en estos días estoy escribiendo el tercer libro de la serie (primer borrador) y tengo planeado un re-diseño de ese blog.
   ¿Cuál es el próximo paso? ¿Cómo empieza esta nueva etapa? Bien, la primera pulicación forma parte de una serie:
                  • La escritura y yo -> tres entradas sobre mi historia con la escritura hasta el momento.
 
   ¿Qué les parece? Es la primera vez que publico un calendario de entradas para el blog, ¿creen que lo lograré?

 
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